mi casa está donde estás tú
los mismos ojos, la misma luz
mi casa está donde estás tú
los mismos clavos, la misma cruz
los mismos clavos, el mismo ataúd.
Me alejé de la gran ciudad hacia una mas pequeña. Dejé atrás la urbe infinita para caminar por las estrechas calles que recorrí durante 17 años. Me alejé de un lugar ajeno para llegar a otro igual de ajeno, y entonces me pregunté donde estaba. Vi rostros familiares que ya no conocía. Abrazé gentes que ya no eran las mismas. ¿O era yo el que había cambiado?¿Podía un hombre cambiar en tan poco tiempo? Vine en busca de un lugar familiar, pero descubrí que en realidad no tenía nada. Paredes limpias que no guardan ningún registro de quien fui. Ningún recuerdo, ninguna foto. Esta mañana observe mi pieza en la casa de mis padres y me di cuenta de que nunca fue mía. Nunca colgué nada en la pared, ni puse nada sobre mi velador. Nunca escribí sobre la madera, ni escondí secretos en mi cajón de ropa interior. Nunca hice de este lugar algo mio. Hoy note que no tenía patria, que no heché raíces, que estoy parado en un muelle esperando el barco que me llevará al lugar al que pertenezco.los mismos ojos, la misma luz
mi casa está donde estás tú
los mismos clavos, la misma cruz
los mismos clavos, el mismo ataúd.
Caminé por la ciudad en medio de la noche, en la soledad absoluta que sólo puede encontrarse en pequeños lugares como este. Caminé en la ciudad de los recuerdos de mazapán. De las rodillas peladas, del olor a pasta de soldar y a estaño derretido. Caminé por la ciudad donde nada emocionante puede suceder. La ciudad que me enseñó a soñar en grande, porque cualquier cosa que pudiera conseguir en mi vida estaría lejos de mi pueblo. Si me iba a ir, entonces que fuera por algo enorme.
Y en medio de la oscura penumbra que dejó la sombra de la tierra cuando el sol de recostó del otro lado, vi su luz. Vi sus ojos de fuego y su sonrisa explosiva. Bastó un segundo en el que se le escapó esa mirada, que siempre oculta y que tengo que sacar a fuerza de besos y palabras - de caricias y palabras -, para que supiera que habría siempre una buena razón para volver.
Dos semanas pasé en esta ciudad hostil que sus caricias convirtieron en un hogar. Y me dejé cubrir por su piel de magia y tierra, y de mi bolsillo saque el viejo lápiz con el que una vez dibuje su recuerdo, y con él retiré pacientemente las escamas con las que se cubrió para que no le volviese a hacer daño. Y aunque el dolor nos golpeó como la tormenta, finalmente volvimos a ser lo que fuimos, lo que siempre fuimos.
Hoy no soy más que un cerdo camino al matadero, no soy más que un hombre apuntando a su oponente, preguntándose que mierdas hace ahí. Y no me queda más que volver a la ciudad de la furia a extrañarte. A planear el regreso a casa.


1 comentarios:
3 de agosto de 2009 a las 20:09
siempre se vuelve, a donde sea una parte de ti siempre vuelve...
gracias por el consejo tienes toda la razon es tan interesante el saborcito que le da el luchar por amor, y bien se que lo que facil viene, fácil se va... y mira que no ha sido nada fácil, en fin tal vez es el esfuerzo que pones lo que te hace apreciar tanto eso por que luchas...
siempre se vuelve
recuerdalo
y de nuevo gracias por tu comentario
Maria
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