La revelación

No se como será para los chamanes y los videntes, porque a mi las revelaciones me vienen como patada en el estomago. Como fumar prensada y tomar demasiada cerveza. Una mala mezcla. 

Aunque claro, mis revelaciones son un poco más terrenales. Las epifanías me vienen con una palabra o una imagen y no con una ceremonia ritual. Qué se yo. Quizás soy lentamente acumulativo y en vez de comprender las cosas paulatinamente, se aparecen, ya esclarecidas, de golpe. Siempre es una sensación desagradable. Como si tus piernas perdieran de pronto toda energía y te desplomaras como un trozo de gelatina cayendo de la mesa. 
Es algo así. O peor, que se yo. Contrario a lo que alguna vez creí, las palabras no son lo mío. El asunto es, así es la vida supongo. 

La revelación del día fue: Lo volviste a perder todo Tomás, mala jugada. Estás solo otra vez.

Así que eso queda, soledad demasiado densa en el invierno demasiado frio de una ciudad demasiado grande. Ella no me seguiría a ninguna parte. Preferiría creer que la culpa es mía por ser un hijo de puta, pero eso lo sabía antes de enamorarse. La culpa era de los dos, o de ninguno, a menos que se nos pudiera culpar de ser nosotros. Ella demasiado arraigada a la tierra y a su gente, yo que debo usar botas de plomo para no irme a otra galaxia. Nada mal. El guionista ya me las ha puesto peor. Le sonrío a la imagen del espejo y a seguir. 

1 comentarios:

  Mar Nogueira

14 de julio de 2009 a las 15:52

talvez estar solo no sea una mala jugada, ahora lo piensas asi, pero no hay mal que por bien no venga. ánimo!

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